CAPÍTULO 42 — Un nuevo hogar.
La música comenzó a sonar. Un vals suave, elegante, envolvente.
Erick no llevó a Amelia de inmediato a la pista.
Primero la detuvo.
Ella lo miró, curiosa, con el corazón ya acelerado.
Él llevó la mano al bolsillo interno de su smoking y, sin decir una palabra, sacó una pequeña caja negra.
Amelia sintió que el aire le faltaba.
—Antes de que bailemos —dijo él en voz baja, solo para ella—, hay algo que nunca dejó de pertenecerte.
Abrió la caja.
El anillo brilló bajo las luces del salón. El mismo q