CAPITULO 43 — Donde sea, pero contigo.
Amelia aún recorría el lugar con la mirada cuando Erick se acercó por detrás y la rodeó con los brazos. Su pecho firme contra su espalda, su respiración tranquila, segura. Ella se dejó ir de inmediato, como si su cuerpo lo reconociera como refugio.
—Todo esto… —murmuró ella— está pensado con tanto detalle.
Erick apoyó la barbilla en su hombro y sonrió.
—Porque lo está.
La giró apenas, señalando con la mirada.
—Ese rincón junto al ventanal es para que leas. Mandé a hacer ese sillón cuando vi uno