El salón del hotel más exclusivo de la ciudad brillaba como una constelación artificial. Arañas de cristal colgaban del techo, copas de champagne tintineaban, trajes oscuros y vestidos de alta costura se movían entre conversaciones cargadas de poder, dinero y apariencias.
Los magnates estaban ahí. Los socios. Los inversionistas.
Y también Patrick.
Vestido con un traje gris caro que ya no lograba ocultar la presión que llevaba encima, hablaba en voz baja con su secretaria —demasiado cerca, dema