CAPÍTULO 30 — Tú no eres competencia.
Erick llevó a Amelia a su casa cuando el sol ya se había escondido y la brisa nocturna les erizaba la piel. Ella iba sobre su espalda, riendo con una suavidad que él no escuchaba desde antes de que todo se rompiera. Sus brazos rodeaban su cuello y sus mejillas estaban apoyadas en su hombro, mientras él la sostenía con una mano firme y en la otra llevaba la canasta del picnic.
—Bájame, Erick —decía ella entre risas—. Te voy a cansar.
—Si me cansaras sería un débil y tendría que entrenar más prin