El timbre sonó justo cuando Amelia cerraba la puerta de su habitación. Sobre la cama habían quedado seis vestidos desparramados: tonos pastel, telas livianas, uno azul marino, otro blanco, uno floral. Se había cambiado al menos ocho veces. Nada parecía lo suficientemente bueno para verlo… hasta que finalmente eligió un traje de baño negro debajo de un vestido tejido color crema que dejaba ver su silueta de manera delicada, elegante.
Su corazón rebotaba contra sus costillas como si quisiera esca