Hace dos horas…
—¿Qué haces…? —preguntó Amelia con la voz quebrada, apenas sosteniéndose mientras Patrick se acercaba a ella, inclinándose peligrosamente cerca de su cuello.
—Confía en mí… por favor —susurró él, tan bajo que solo ella pudo escucharlo—, solo sígueme el juego… tengo que sacarte de aquí.
Amelia abrió los ojos con fuerza, confundida, asustada, pero antes de poder reaccionar sintió los labios de Patrick rozar su cuello, un gesto que para cualquiera habría parecido provocador… pero e