Mildred estaba dormida sobre el pecho de Armand. Su cabello rubio se esparcía mientras él la abrazaba contra su cuerpo. La luz de la mañana empezó a despertarlo. Sonrió al sentir la tibieza de su piel y cómo sus manos comenzaban a acariciar su espalda desnuda.
—Mmm… Armaaand…
—Hola, preciosa —respondió con la voz ronca por el sueño.
Se giró y besó su hombro, su cuello, su mejilla y, por último, sus labios.
—Buenos días… se siente bien despertar contigo encima, podría acostumbrarme a esto.
Mildr