—¡Maldita sea!
Gritó Adela, rompiendo una copa contra el suelo. El vidrio estalló en mil pedazos, haciendo que Clara diera un pequeño salto del susto.
Patrick, que estaba sentado leyendo el diario, apenas levantó la vista, ya acostumbrado a sus berrinches.
—¿Qué pasó ahora, Adela?
—¡Erick congeló mis cuentas y me contrademandó! —escupió furiosa—. Ahora todos creen que estoy loca por atacar una y otra vez a mi propio hijo.
Patrick dejó el diario a un lado, observándola con calma.
—Eso quiere dec