Erick llegó a la casa con Amelia, subió a la habitación y la recostó con cuidado.
—Erick, no es para tanto…
—Sí es para tanto —respondió serio—. Leí acerca de la eclampsia, amor… es mortal. No quiero perderte en el parto, por favor cuídate, ¿sí?
—Está bien… —suspiró Amelia.
Erick se acostó a su lado y la envolvió en sus brazos. Acarició su mejilla con suavidad y luego su vientre abultado.
—Hagámoslo por él… por favor. Estaré contigo, no te dejaré sola. Estaremos los dos juntitos, ¿sí?
—Está bie