Dos años habían pasado desde la noche que le arrebató todo: a su hijo, a su libertad y casi… a sí misma.
Tras el accidente, Amelia pasó meses sin levantarse de la cama. Meses sin hablar. Vivió en una oscuridad tan espesa que nada parecía capaz de sacarla. Ni médicos, ni terapias, ni medicación.
Pero un día despertó y se miró al espejo.
Tenía que elegir: morirse lentamente o levantarse.
Eligió levantarse.
Vendió la empresa de sus padres, cortó definitivamente con Patrick amenazándolo de intento