Las horas han transcurrido tan lento para el sargento Benavides que está en su camarote dando vueltas de un lado para el otro. Impaciente por poder volver a ver a su Hades. Sabe que no tiene una razón para ir a esa habitación. Se acerca a la mesa donde tiene sus bebidas, sirviendo un poco de ese líquido amarillento en una copa de vidrio. Al dejar la botella en su respaldo. Sujeta ese vaso llevándolo hasta su boca. Ingiriéndolo de un solo trago. Esperando calmarse.
Pero su desesperación no de