Lara
Tras haber llorado abrazados por un largo rato, el silencio entre nosotros es reparador.
Ahora me siento ligera, libre de ese peso que me tenía oprimida desde esa noche en la que fuimos separados, y sé que Killiam también siente lo mismo.
Mi pobre mate ha cargado con tanto.
Killiam recuesta la espalda sobre un árbol, mientras yo busco refugio en sus piernas. Él me abraza desde atrás y mi cabeza reposa entre su pecho y su barbilla.
Se siente tan bien estar así con él y tengo tanta paz. Su calor me transmite seguridad, su olor me relaja y la calma de la noche nos ayuda a organizar nuestros pensamientos.
Es todo lo que necesitamos por ahora.
Nos quedamos así por unos minutos más, hasta que Killiam me besa la coronilla de la cabeza, que aún está cubierta por la peluca, y suelta un suspiro, como si quisiera hablar.
—¿Te sientes bien? —le pregunto, pues noto inquietud en él. Además, empiezo a tener un mal presentimiento.
—Sí, solo que... —Se aclara la garganta—. ¿Cuál es tu relación c