Lara
Esto es horrible…
Mi corazón se desgarra de dolor y de incertidumbre. Trato de pensar con cabeza fría, de calmarme, pero no puedo.
El terror se ha adueñado de mi cordura, así que soy guiada por mis emociones caóticas, lo que no ayuda en nada.
—Debes calmarte —me dice Arion, quien se encuentra parado cerca de la pared, con los brazos cruzados, mientras observa a Killiam.
Me duele verlo allí tirado, inconsciente, sufriendo y… al borde de la muerte. No puedo evitar llorar ante eso.
No quiero perderlo. Es tan injusto… Cuando por fin arreglamos las cosas entre nosotros, surge esta desgracia.
¿Acaso no puedo ser feliz?
Lloro.
—Por favor, Lara, tranquilízate. Piensa en tu cachorro —me anima Arion.
Suelto un largo suspiro a la mención de mi bebé, y mi mano va a mi vientre por instinto.
Cierro los ojos y las lágrimas se escurren; luego me acerco a Killiam y trato de entender su sufrimiento.
—Está envenenado —descubro, a lo que Arion asiente. Él se acerca, pero se queda de pie a la cabecer