Killiam
Me remuevo en la cama, jadeo y aprieto las sábanas con mis puños, impotente, débil, como una maldita basura que no vale nada.
En eso me ha convertido este puto veneno.
El dolor es insoportable.
Mi cuerpo tiembla y suda hielo, o eso siento, pues el frío me tiene titiritando.
—¡Maldición! —gruño mientras trato de soportarlo.
Para colmo, otra vez la marca me arde.
Me pasó esta tarde y vuelve a dolerme ahora.
Eso solo puede significar...
«Nuestra mate. Debes ir por ella antes de que el int