Eva encendió un cigarrillo con las manos temblorosas. El humo se enredó en su cabello mientras Valentina la observaba en silencio desde el otro lado de la habitación. Afuera, la ciudad vibraba como si no supiera que esa noche alguien estaba dispuesta a derrumbar un imperio.
—Lo que te voy a contar no está en ningún expediente —dijo finalmente, con la voz áspera—. No sale en los informes de inteligencia. No lo sabían ni los que trabajaban conmigo.
Valentina asintió, sin interrumpirla. Tomás, al