Las imágenes eran antiguas. Borrosas. Pero reales.
Un sobre sin remitente había llegado a las manos de la prensa con fotografías de una niña de ojos grandes y expresión vacía. Valentina. A los siete años. En un internado psiquiátrico.
La narrativa del escándalo cambió de rumbo:
“Valentina Duarte fue diagnosticada con trastorno de conducta en la infancia. ¿Es esta la verdadera raíz de su cruzada obsesiva por justicia?”
En la cocina, Tomás lanzó el celular contra la mesa.
—¡Maldita sea! ¡Esto es