Capítulo 83 – Quieren intimidarnos. Acaban de firmar su sentencia
El amanecer fue tenso. El cielo gris. El aire espeso.
Valentina dormía apenas unas horas cuando Sebastián la despertó con un gesto urgente. No habló. Solo le tendió un sobre negro, sin remitente, dejado bajo la puerta.
Valentina lo abrió con manos frías.
Adentro, una sola fotografía impresa.
Tomás. Caminando por una calle solitaria.
Y sobre su cabeza, el punto rojo inconfundible de una mira láser.
Detrás de la imagen, una nota a mano:
“La sangre llama, doctora. No olvides de dónde vienes.”
Vale