El eco de los pasos retumbaba en los pasillos de la Corte Suprema. Valentina caminaba al frente, con su blazer beige y mirada firme. Detrás de ella, Tomás y Sebastián se mantenían discretos, vigilando los flancos como si intuyeran que en cualquier momento, algo podía salirse de control.
En la sala de prensa, las cámaras ya estaban instaladas. La Fiscalía aún no había hecho su declaración, pero la anticipación era eléctrica. Todos esperaban que la abogada Duarte rompiera el silencio.
Valentina t