El silencio de Sebastián ya no era casual.
Era sistemático. Controlado.
Y eso, para Valentina, no encajaba.
Ella conocía el lenguaje de los hombres que mentían por hábito.
Pero lo de Sebastián no era mentira…
Era miedo.
Y esa noche, mientras revisaba unos documentos en casa, un nombre que había intentado olvidar cruzó por su mente: Alonso Ortega.
Un ex fiscal que, años atrás, la había abordado a la salida de una conferencia.
Le habló de su padre.
Le entregó un sobre.
Y le dijo:
> “Un día vas a