01:06 a.m.
La imagen era clara.
Nítida.
Cruda.
Valentina Duarte aparecía sentada frente a la cámara, sin maquillaje, sin filtro, sin intermediarios.
Solo ella.
Y el país.
Observando.
Esperando.
Tomó aire.
Y habló:
—Yo no estoy aquí como hija de nadie. Ni como víctima.
Estoy aquí como ciudadana.
Y como testigo.
Del otro lado de la pantalla, millones se quedaron en silencio.
Otros millones empezaron a grabar.
Sabían que lo que venía no se podía borrar.
Valentina continuó:
—Hace más de treinta año