Desperté preguntándome porque mi teléfono no había sonado y la respuesta fue clara, mi teléfono estaba en la sala de Dumas y el brazo del susodicho envolvió mi cintura. Mi espalda estaba pegada a su pecho y sentía el subir y bajar tranquilo de su respiración. Disfruté el momento lo más que pude pero unas ganas imperantes de ir al baño fueron las saboteadoras de mi hermoso instante. Trate de salir del agarre de Dumas con calma, no quería despertarlo.
—¿A dónde crees que vas?—preguntó sin previo