El timbre de la mansión Moretti sonó con una discreción que contrastaba con la calidez que se respiraba en su interior. En el comedor, Ileín acababa de servir la pasta fresca que había preparado junto a la cocinera, mientras Julliano dibujaba caballos en un cuaderno al lado de Máximo, quien fingía revisar documentos pero no dejaba de observar al niño con una sonrisa. “Papá Máximo, mira cómo le puse alas a este”, dijo el pequeño, mostrando su dibujo. “Como las mariposas de la seda que habla mamá