El candelabro de bronce sobre la mesa de roble proyectaba sombras bailarinas en las paredes del comedor. Ilein jugaba con el bordado de su vestido de encaje negro, evitando la mirada penetrante de Alessandro.
“Te noto demasiado callada, mi amor,” dijo él, extendiendo su mano sobre la mesa para tocar la suya. “¿Es el plato? Sé que la lasaña o el vino.”
Ilein retiró la mano con una excusa torpe. “No, claro que no… estoy solo un poco cansada. El trabajo en la tienda fue más pesado de lo normal hoy