El sol apenas comenzaba a teñir el cielo de Milán con tonos rosados y dorados, filtrándose a través de las ventanas altas del taller principal de la hacienda Moretti. Los rayos iluminaban polvos de algodón que flotaban en el aire como pequeñas estrellas, y cada máquina de coser, cada cortador de tela, cada carrete que reposaba en sus estanterías parecía esperar en silencio la decisión que cambiaría el destino de la familia para siempre. El olor a hilos nuevos, cera de madera y el extracto ances