El silencio en la mansión Moretti era más aterrador que los gritos. Habían pasado tres días desde que los hombres de Dante la encontraron en el piso franco, acurrucada en un rincón con la nota de Luca arrugada en el puño. No hubo explicaciones, solo el frío cañón de un arma en su nuca y un viaje de regreso en un coche blindado que se sentía como un coche fúnebre.
Bella caminaba por los pasillos de su casa como un fantasma. Cada rincón le recordaba la traición. Luca la había entregado. Había usa