El estruendo del disparo no fue el final de la vida de Enzo, sino el comienzo del fin del silencio.
Bella no movió el brazo hacia el prisionero. En una fracción de segundo, la misma que separa la vida de la muerte, giró el torso con una torsión violenta y disparó hacia atrás, buscando el rostro de Volkov.
El Ruso, sin embargo, era un hombre nacido del conflicto. En el instante en que el cañón se desvió, él movió la cabeza. La bala le rozó la sien, arrancándole un pedazo de oreja y dejando un su