Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl cielo de la ciudad no era negro, sino de un naranja tóxico. Desde la colina que dominaba el distrito industrial, Bella observaba cómo las columnas de humo se entrelazaban como serpientes ascendiendo hacia las nubes. El estruendo de las explosiones intermitentes se había convertido en el latido de una metrópolis que se desangraba.
Dante Moretti no solo había quemado su legado; había dinamitad







