82. Noches de consuelo
A veces, las heridas no se curan con silencio, sino con risas que esconden el llanto.
Entre amigas
El reloj de la cocina marcaba las ocho en punto cuando Valentina llegó a la casa de los Bianchi, con una bolsa llena de helados y otra con películas viejas que había encontrado en su apartamento. La noche caía lenta sobre la ciudad, y el aire tenía ese olor húmedo que siempre deja la tristeza después de varios días sin sol.
Giulia no había salido de casa desde hacía tres días. La última vez que Va