83. El rostro del silencio
A veces, el amor no muere. Solo se congela detrás de una mirada
El reloj de la oficina marcaba las diez y media cuando Valentina llegó al edificio. El cielo estaba cubierto de un gris espeso que parecía reflejar exactamente lo que sentía: incertidumbre.
El ascensor subió lentamente, y con cada piso su corazón latía con más fuerza. No era solo nervios. Era miedo.
Miedo de ver a Luca y confirmar lo que ya sospechaba: que algo dentro de él había cambiado para siempre.
Cuando las puertas se abriero