96. La realidad que duele
No vi eso. No lo vi.
El frío de la madrugada golpeaba la piel como agujas cuando Valentina e Inés subieron la colina hacia la casa. La feria quedaba atrás, pero el ruido seguía pegado a sus oídos: risas, música, gritos de adolescentes, y un nombre que no había pronunciado en meses latiendo como un puñal en su pecho.
Luca.
El auto de Inés se detuvo frente a la puerta. Valentina apenas esperó a que el motor se apagara antes de bajar. No escuchó cuando Inés la llamó; caminó directo hacia la casa c