64. Herencia de sangre
En las casas de los poderosos, hasta el silencio lleva el peso de una orden.
La mesa era larga como un río interminable, cubierta por un mantel de lino marfil que caía hasta rozar el suelo. Sobre ella, el brillo de la vajilla de porcelana y la cubertería de plata reflejaba la luz de los candelabros de cristal que aún permanecían encendidos, pese a que el sol ya había comenzado a filtrarse por los ventanales altos de la mansión Moretti.
Luca se sentó en silencio en su lugar habitual, a la derech