18. Líneas cruzadas
El peligro no siempre llega con una bala; a veces se esconde en una caricia.
El trayecto de regreso fue un laberinto de silencios. En el interior del Maserati de Luca, el rugido del motor era la única voz. Valentina apretaba las manos contra sus piernas, con los nudillos blancos, mientras la ciudad desfilaba borrosa tras el cristal. El humo, los gritos, el olor metálico de la pólvora aún estaban pegados a su piel como una segunda capa imposible de arrancar.
Luca conducía con el ceño fruncido, l