Mudarse siempre parece más sencillo en la imaginación.
En la realidad, implica cajas abiertas durante días, platos que no aparecen cuando los necesitas y discusiones pequeñas sobre dónde va cada cosa. Pero también implica risas en medio del desorden y la sensación de estar construyendo algo propio.
La casa olía a pintura fresca y madera nueva. Aún no teníamos todos los muebles, y muchas paredes seguían vacías, pero ya se sentía distinta. No era solo un espacio. Era nuestro espacio.
—Creo que la