Nunca imaginé que el silencio pudiera sentirse tan lleno.
Habían pasado algunas semanas desde que decidí bajar el ritmo en la empresa. No fue un cambio brusco. Nadie notó un anuncio oficial. Simplemente dejé de estar en todo. Delegué reuniones, confié en decisiones que antes habría revisado tres veces y me permití salir de la oficina antes de que anocheciera.
El mundo no se cayó.
Eso fue lo primero que me sorprendió.
Una tarde regresé al apartamento más temprano de lo habitual. Alejandro aún no