El poder no siempre grita.
A veces espera.
Observa.
Y cuando cree que has bajado la guardia, cobra.
El amanecer llegó sin dramatismo.
La luz se coló entre las cortinas como si no supiera que el mundo que iluminaba estaba al borde de una fractura.
Alejandro aún dormía a mi lado, respirando con esa calma que siempre me había parecido un milagro.
Lo observé unos segundos más de lo necesario.
No por amor solamente…
sino por miedo a perder ese instante.
Me levanté despacio, procurando no despertarlo