La verdad no cae como una bomba.
Cae como la lluvia.
Empapa todo.
Y obliga a ver qué estructuras eran sólidas… y cuáles solo parecían serlo.
La mañana después de la transmisión amaneció extrañamente tranquila.
Bogotá seguía latiendo como siempre, pero algo en el aire había cambiado.
Las redes seguían ardiendo, los titulares se multiplicaban, pero yo ya no los miraba con miedo.
Por primera vez, los miraba con distancia.
Estaba sentada en la terraza del apartamento, con una taza de café entre las