El vuelo hacia París fue distinto a cualquier otro.
No era un viaje de trabajo, ni de huida. Era el resultado de todo lo que habíamos vivido, tejido con hilos de perdón, amor y arte.
Mi madre se sentó junto a la ventana, mirando el amanecer teñir las nubes de rosa. Tenía una serenidad que hacía años no veía en ella.
—Nunca creí que volvería a París contigo —dijo con una sonrisa leve—. Aquí empezó todo… y ahora regresa contigo.
—Esta vez será diferente, mamá —le respondí—. Esta vez, París no nos