Capítulo 31: Las sombras del brillo
Regresar a Bogotá después de París fue como despertar de un sueño cálido para volver a una realidad que seguía pidiendo más de mí.
Las luces parisinas aún me recorrían la piel, pero la ciudad tenía otros planes:
mensajes, llamados, entrevistas, propuestas.
Nunca había sido tan buscada, tan celebrada, tan… observada.
Y aunque sonaba perfecto, pronto descubrí que el brillo también puede cegar.
La mañana después de llegar, abrí el taller esperando silencio, pero