[Narrado por Casey]
El tiempo en este sótano no se mide en horas, sino en el goteo constante de agua en alguna parte de las sombras y en el pálpito doloroso de mi labio roto. Mis manos están entumecidas por las cuerdas, pero mi lengua sigue siendo mi única arma.
—¿Eso es todo lo que tienen? —espeté, escupiendo un poco de sangre al suelo—. Thorne debe estar muy desesperado si necesita a dos tipos como ustedes para asustar a una ingeniera. Spencer Blackwood los va a despedazar.
El hombre delgado