Me ajusté el pasamontañas, sintiendo el familiar resurgimiento de Rogue. No era una transformación completa, porque la presencia de Casey en el coche, a metros de mí, era un ancla que me impedía la disociación total. Ella era el riesgo más grande que Rogue había tomado jamás.
Salí del coche y me dirigí al grupo de corredores que se acercaban, la élite de las carreras clandestinas. Mi jefe técnico, Max, un hombre leal y discreto, se acercó de inmediato.
—Rogue, ¿dónde estabas? El GT3... ¿está bi