El resto del día se convirtió en una tregua surrealista. Spencer, aunque ya sin fiebre, permanecía débil y bajo las estrictas órdenes de "reposo absoluto" de su asistente. La gigantesca suite, que normalmente era un monumento al trabajo implacable, se transformó en un refugio contra el mundo.
Me encargué de prepararle otra sopa y de asegurar que se mantuviera hidratado. Spencer, sin embargo, no perdió su tono sarcástico.
—Me siento como un inválido, Casey. Usted me está convirtiendo en un hombr