Llegué al Almacén C-19 y el ambiente era eléctrico. Rogue y yo trabajamos en una frenética revisión de la suspensión. El desafío de la noche era una carrera de drag en un tramo de carretera desértico, una pista peligrosa donde la precisión era más crucial que la velocidad bruta.
Me puse en mi posición de apoyo, y la adrenalina comenzó a bombear.
La carrera fue una ráfaga. El Huayra rugió en la noche. Esta vez, Rogue no patinó. Su precisión era inhumana. Cruzó la meta con una diferencia de tres