Llegué al penthouse de Spencer a las 20:00 en punto, sintiendo la humillación del incidente en la oficina aún en mi piel. Sabía que esta noche no sería un simple "drenaje"; sería una lección.
Spencer me esperaba en el centro de la sala, con la misma camisa blanca de seda que había usado por la mañana, ahora impecable. Me miró de arriba abajo, su expresión ilegible.
—Llega justo a tiempo, Casey. La puntualidad es lo único que respeto de usted —dijo, su voz tan plana y fría como el mármol de su s