La noche en el penthouse de Spencer se convirtió en una espiral de placer y posesión. En ese dormitorio, despojados de cualquier vestigio de su vida corporativa y de mi vida clandestina, solo existía la química explosiva entre nosotros. Había entrado con la intención de mantener mi muro emocional, pero Spencer era un maestro en desmantelar las defensas.
Me tumbó sobre las sábanas de seda, y sus manos me rodearon las muñecas. Antes de que pudiera protestar, las ató suavemente con los puños de cu