El ambiente en la pista era una descarga eléctrica. El rugido del motor del Huayra, ahora bajo el control de "Rogue", ahogaba la música y los gritos. La gente se apiñaba en el borde de la pista improvisada, apostando en voz alta y buscando la emoción del riesgo.
Yo me había quedado parada, hipnotizada. Rogue era la encarnación de la adrenalina. Su figura alta y poderosa al volante, con el casco negro mate cubriendo toda identidad, era pura promesa de peligro.
Liam me agarró del brazo, arrastrán