Abrí los ojos al mediodía, cortesía de la "tardanza" permitida por Spencer, y sentí que mi cabeza albergaba una orquesta sinfónica de martillos. La resaca era brutal, una clara represalia por el tequila y el desafío a la autoridad. Peor aún, mi memoria estaba fragmentada. Recordaba a Chloe riendo, el baile tonto, y luego... una niebla gris y el sabor salado de un caldo que no era mío.
¿Spencer Blackwood había estado allí? ¿Me había obligado a comer? El recuerdo era tan vívido como absurdo. ¿El