El aire en la cafetería se sentía pesado, como si la carga de lo que no se decía entre Sofía y Mateo se hubiera espesado hasta volverse asfixiante. El aroma del café, que por lo general resultaba reconfortante, ahora picaba en la nariz, contrastando con el silencio que sobrevino tras aquella confesión corta, pero devastadora. Sofía bajó la mirada, apretando con sus dedos la carpeta azul que sentía fría al tacto. No se atrevía a mirar el rostro de Mateo, sintiendo cómo una nueva ola de culpabili