El tono de llamada sonó dos veces antes de que la voz al otro lado respondiera, alegre como de costumbre.
—¿Mateo? Vaya, qué raro que llames a estas horas. ¿Pasa algo? —la voz de Carlos se escuchaba animada, con el sonido de la televisión de fondo.
—Carlos, he oído que hay un profesor sustituto llamado Diego Alejandro enseñando música en el colegio de mi hermano —Mateo intentó mantener la voz neutra, a pesar de que su corazón latía desbocado—. ¿Es verdad que viene del IES Santa Cruz?
—¡Ah, eso!