Comprendió algo absoluto, no había dejado a Sofía porque hubiera dejado de quererla. El amor seguía ahí, intacto y profundo, enterrado bajo capas de culpa y años de sacrificio por su familia. Pero, precisamente porque la quería, debía controlarse. Ese autocontrol era el máximo respeto que podía mostrarle a la nueva vida que Sofía había elegido, aunque no le incluyera a él.
Cuando el reloj marcó las cuatro, Mateo tomó una decisión definitiva. Había enfrentado la amarga realidad toda la noche y h