—¿Hola, Carlos? Quería preguntarte una cosa... —Mateo hizo una pausa y tragó saliva; sentía un nudo en la garganta.
Apretó el puño izquierdo con fuerza, tratando de frenar el temblor que le recorría los dedos.
—¿Conoces a un profesor de música llamado Diego Alejandro? He oído que trabaja en el instituto donde estás ahora. —La voz de Carlos sonaba algo adormilada al otro lado de la línea—. ¿Sí, Mateo? ¿Qué pasa para que llames a estas horas?
Carlos soltó una risita; su voz ronca le resultaba m